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Paracaídas de Rogelio Guedea-Los maestros de Colima merecen respeto

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He dicho hasta el cansancio (mentira: porque no me cansaré de decirlo) que la educación es la única vía para el verdadero progreso y desarrollo de cualquier sociedad. Desde Platón hasta Zizek he corroborado esta verdad, pero también he tenido la fortuna de comprobarlo en los países en los que he vivido: Nueva Zelanda, Japón, España, Estados Unidos, etcétera. La educación transforma las sociedades para bien, las hace pasar de estados barbáricos a comunidades civilizadas, las hace más productivas y, sobre todo, más creativas, más tolerantes con los otros y más respetuosas de su entorno, más sensibles al dolor ajeno y más morales, son sociedades más éticamente responsables.

Lo he dicho hasta el cansancio y aun así no me cansaré de repetirlo. Por eso, ver lo que le está sucediendo al magisterio colimense me lastima, lo lamento de verdad, siento incluso impotencia de no poder conseguir que el gobierno aprenda esta básica lección: con la educación todo, contra la educación nada, para decirlo adaptando una popular consigna revolucionaria. ¿Qué hace falta para que nuestros maestros colimenses reciban un trato digno por parte de las autoridades? ¿Qué hace falta para que el magisterio no tenga que estarse preocupando de que le descuentan un impuesto injustamente, que los deja a final de año contando los pesos que se ganaron con tanto esfuerzo, en una labor que, dicho en estricto sentido, no tiene precio? ¿qué hace falta para que nuestros maestros no tengan que preocuparse por no tener un sistema médico que no los cobija cuando se enferman, porque el dinero que les descuentan de pensiones se va a quién sabe dónde menos a cubrir este servicio? Y más aún: ¿qué hace falta para que el sindicato de maestros se ponga los pantalones y defienda como debe ser a sus maestros y no con oficios sin pena ni gloria?

No se vale lo que se les está haciendo a los maestros colimenses, es, además, una vergüenza que se les esté tratando como si se les hiciera un favor, y no como los personajes que cumplen un rol de trascendencia incalculable en nuestra sociedad. Carajo, me da de veras tristeza ver la forma tan humillante como se les trata, cuando bien sabemos todos los privilegios de que goza la clase política, sobre todo la privilegiada.

Este ninguneo a la clase magisterial de Colima no hace sino indicarnos la poca importancia que se le da realmente a la educación en nuestra entidad. ¿Saben realmente las autoridades que los maestros tienen incluso que poner de su bolsa para subsanar todas las carencias que padecen? Hay escuelas sin sillas, sin buenos baños, sin las herramientas básicas para operar, con niños llenos de carencias, ¿y aún así se van contra el sostén económico y personal de los maestros? ¿no es esto demasiado ingrato? En verdad que no puedo creerlo. De qué sirve una reforma educativa si a los maestros se les da un trato indigno.

Empecemos por resolver los problemas básicos, sustanciales, y después ya vemos cómo resolvemos los que consideramos trascendentes. Empecemos a caminar, pues, antes de querer volar. Yo apelo al gobernador de nuestro estado, José Ignacio Peralta Sánchez, a que le devuelva a los maestros su dignidad, él sabe –me consta- lo importante que es la educación, lo crucial que es para tener una sociedad más sana y con mayor bienestar social. Y también apelo al sindicato de maestros a que se ponga a la altura de su responsabilidad y compromiso, que a besos no se puede ganar una guerra que se hace con tanques de guerra.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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Paracaídas de Rogelio Guedea- Marcos Santana, vergüenza morenista y ascenso del PRI

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La ambición desmedida de unos cuantos morenistas en el Congreso local (los nombres los omito porque ya todos los conocen) ha ocasionado lo mismo que le sucedió al PAN en la anterior legislatura: que el PRI, de facto, tome las riendas del Congreso local y prepare con ello formalmente el inicio de su regreso a importantes posiciones de poder en las elecciones de 2021, pues, aunque no lo parezca, tener al Congreso local de aliado permite una operatividad política y electoral inimaginable.

En este vergonzante final (para Morena) terminó la película del Congreso local, que desde iniciada la actual legislatura no ha hecho sino mostrar la ignorancia, la ambición, la falta de oficio político, la falta incluso de educación y civilidad de la mayoría de los morenistas, a quienes espero que su dirigencia nacional o el propio presidente López Obrador les corte por lo menos media oreja, que es lo que se merecen, por tanta barrabasada que han cometido.

¿Tanto reñirle al PRI para terminar en su regazo? Morena es ahora un bebé al que el PRI le ha empezado a dar de comer… pura dinamita. Por eso me alegro que el PRI, dicho esto con una circunspecta ironía, haya tomado las riendas del Congreso, pues este instituto político tiene gente curtida, sabe cómo se deben llevar las cosas y cómo hacerlas, y eso es lo que está necesitando urgentemente la ciudadanía: un Congreso que deje ya de andarse peleando por los propios intereses de unos cuantos congresistas embusteros y se ponga a trabajar en favor de la sociedad colimense que representa.

La sociedad no quiere que se bajen el sueldo ni mucho menos que los engañen con ese cuento de que se bajan el sueldo pero no así el resto de las percepciones, no, la sociedad está esperando que se pongan a trabajar en iniciativas y leyes y normativas que impacten en su beneficio, lo otro de andar dando la sobras del sueldo a talabarteros o a hojalateros o a zopiloteros  o a quien sea lo pueden hacer instituciones de asistencia privada o los propios programas de bienestar social que impulsan los gobiernos de los tres órdenes.

Pero no un legislador que se jacte, quien debe estar concentrado en crear las leyes que propiciarán mayor orden y armonía ciudadana. Adiós, pues, a Morena en el Congreso y bienvenido el PRI, quien ahora, por cierto, tiene por fin a un nuevo dirigente estatal en la figura de Kike Rojas, político joven pero no por ello menos experimentado que seguramente hará remontar al PRI en las elecciones de 2021 gracias a que tendrá como aliadas no solo a las bases rojiblancas sino también a Morena, quien para entonces ya habrá terminado de defraudar a todos.

 Y mientras Morena se desmorona y el PRI se fortalece (riéndose seguramente con una risa de hiena de los pobres morenistas), los colimenses debemos de sentirnos orgullosos de que en el top 10 de los aspirantes a dirigir la Fiscalía General de la República esté el abogado colimense Marcos Santana.

Marcos Santana llegó ahí luego de un riguroso escrutinio de más de 50 aspirantes, quedando ahora en la lista de diez, lo que es honroso y plausible, pese a quien le pesare. Aunque Bernardo Batiz y Gertz Manero son los favoritos (por su cercanía con López Obrador), esto no le quita mérito al abogado Marco Santana, al contrario. Suerte al abogado colimense quien, y esto lo entenderán sólo los entendidos, aunque pierda, ya ganó. 

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Paracaídas de Rogelio Guedea – Ley de Convivencia Civil, ya en vigor

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Para quien no lo sepa, la Ley que Regula la Convivencia Civil del Estado de Colima y sus Municipios ha entrado en vigor este inicio de año, una ley que, ahora puedo decirlo, tuvo su origen en una extensa conversación que tuvimos el entonces diputado Nicolás Contreras y yo, en la cual yo enfaticé la importancia de contar con una ley que pudiera realmente normar la conducta ciudadana, pues la que existía (y que se aplicaba desde las Procuradurías Vecinales) eran inoperantes, como inoperante era también (para casos específicos como el ruido vecinal) la función de las direcciones de Ecología, que sólo atendían fuentes fijas (esto es música proveniente, por ejemplo, de bocinas o similares), pero no así otras fuentes (como los gritos de las personas, que en ocasiones son incluso peores que el ruido de la música).

Le expliqué al diputado Contreras, quien en todo momento fue muy sensible e incluso admitió que él también había tenido problemas de esa naturaleza, que una ley que normara estas conductas reduciría exponencialmente la violencia vecinal, que en ocasiones ha tenido consecuencias fatales, más de alguno ha asesinado o ha sido asesinado por conflictos vecinales (ruidos, árboles basurientos, obstrucción de cocheras, etcétera), y todo ello porque no existe autoridad que pueda resolver el problema, por lo que el vecino opta por tomar la justicia por su propia mano.

Reducir la violencia vecinal era, por tanto, no sólo reducir la violencia en general, sino además crear una mayor armonía en la comunidad y una recurrencia en el número de llamadas al 911 por estos motivos, llamadas que, por cierto, muchas veces ni se atendían.

Para terminar mi exposición, le expliqué la pesadilla que yo mismo estaba viviendo con unos vecinos (y que sigo viviendo en algunos momentos) y la que vivían otros vecinos del barrio, y al final se convenció de que era importante reducir el estrés ciudadano por este motivo, toda vez que, es verdad, la sociedad tiene que vivir una doble violencia cotidiana: la producida por los grupos delictivos y la vecinal.

Debo decir que después de esta conversación yo me hice a la idea de que todo quedaría en palabras. Sin embargo, esto no fue así. Al poco tiempo tuve noticias de que el diputado Nicolás Contreras se había tomado muy en serio el compromiso y había presentado la iniciativa, que al final fue aprobada y ahora ha entrado en vigor.

 Pero ¿qué regula esta nueva ley? Pues regula todos los aspectos que como ciudadano te causan un perjuicio en tu convivencia cotidiana vecinal: por ejemplo, los mismos ruidos, que ahora son castigados aunque provengan de cualquier fuente, así sea de un martillo o un perro.

Los daños que causen a tu propiedad los animales que dejen sus heces en tu jardín o en cualquier parte (yo me encuentro cientos de heces en las banquetas cuando hago mis ejercicios matutinos, muchas dejadas ahí a propósito), también son penalizados.

Pero también la obstrucción de tu cochera. Una riña vecinal, siempre que no haya lesiones que constituyan un delito. Ahora, para atender todos estos casos habrá un Juez Cívico en cada municipio, el cual podrá establecer sanciones en apego a esta ley,  sanciones que van desde multas (algunas severas) a un arresto, y, según la ley, para iniciar el proceso basta que se haga a través de la policía a la que se le pida auxilio para atender el caso o directamente presentando la denuncia ante el jue cívico.

Quizá ahora nadie se haya dado mucha cuenta de la trascendencia de esta Ley, pero es crucial para armonizar a una sociedad que esperemos no se acostumbre a estos niveles de violencia que vive todos los días.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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