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Paracaídas de Rogelio Guedea -Enfermedades mentales, un serio problema de salud pública

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Roberto Vargas Ortega, coordinador académico de una escuela de belleza, está hospitalizado en Guadalajara. Recibió un golpe en un ojo con un objeto metálico y los médicos luchan por salvarle el ojo. El golpe se lo propinó sorpresivamente, y sin ninguna razón (se le atacó por la espalda), un joven pordiosero con visibles trastornos mentales, tal vez derivados de su adicción a las drogas, jóvenes que, por lo demás, empiezan a abundar ya por las calles de nuestra ciudad.

A este joven pordiosero yo mismo lo conozco, anda sucio, en andrajos, habla solo, y camina por las calles con apariencia inofensiva, pero bien sabemos que nadie que tenga un padecimiento mental sin tratarse puede ser inofensivo. Lo llegué a ver en repetidas ocasiones en la Piedra Lisa, o en el centro de la ciudad, los pies sucios y descalzo, sin ninguna autoridad que reparara en el peligro que constituye un ciudadano así. Esta vez la cuota de esta indiferencia por parte de las autoridades ha sido muy alta: un joven, sin deberla ni temerla, puede perder su ojo.

En el medio médico, y en especial en el gremio de quienes se encargan de este ámbito de la salud pública, se debería abrir ya de forma urgente un debate sobre este problema que empieza a afectar no sólo al individuo mismo y a sus familiares sino también a la sociedad en general, en especial cuando encontramos casos como el de Vargas Ortega, donde se pone en riesgo la propia vida. Imaginemos que este joven pordiosero no atina en el ojo pero sí en una región vital de la cabeza, y entonces le quita la vida, ¿qué haríamos?

Es verdad que nos hemos ido haciendo impermeables a la tragedia (muertos por montones algo deben endurecernos el cuero), pero yo ni siquiera quiero imaginar que a mi mujer o a mi pequeña hija (con las que suelo ir al centro de la ciudad cotidianamente) una persona así pueda infringirles un daño de ningún tipo, pues como ciudadano que paga impuestos al gobierno tengo el derecho de exigir que éste cuide la integridad mía y de mi familia, en lugar de que utilicen los dineros para otro tipo de causas, muchas de ellas de interés personal. Quien salga a la calle y se detenga un poco a observar a su alrededor se dará cuenta de que se ha incrementado exponencialmente la presencia no sólo de personas en estado de calle sino también de jóvenes con problemas de salud mental, sucios y visiblemente desorbitados, sin que exista un protocolo palpable de atención de esta problemática: ¿se espera que a alguien más le suceda lo que al joven Vargas Ortega? ¿se espera que los encontremos muertos así nada más en la calle, sin que nadie se dé cuenta?

Escribo esto porque no quisiera que lo sucedido a Vargas Ortega adquiera la dimensión de un caso aislado, quiero, en cambio, visibilizar lo más posible un asunto que es delicado y requiere la intervención inmediata de todos los niveles de gobierno, por lo menos del estatal y del municipal. Entendámoslo: no es un problema de calles llenas de baches, o de recolección de basura, o de corrupción financiera, etcétera. Son vidas humanas.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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Paracaídas de Rogelio Guedea- Marcos Santana, vergüenza morenista y ascenso del PRI

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La ambición desmedida de unos cuantos morenistas en el Congreso local (los nombres los omito porque ya todos los conocen) ha ocasionado lo mismo que le sucedió al PAN en la anterior legislatura: que el PRI, de facto, tome las riendas del Congreso local y prepare con ello formalmente el inicio de su regreso a importantes posiciones de poder en las elecciones de 2021, pues, aunque no lo parezca, tener al Congreso local de aliado permite una operatividad política y electoral inimaginable.

En este vergonzante final (para Morena) terminó la película del Congreso local, que desde iniciada la actual legislatura no ha hecho sino mostrar la ignorancia, la ambición, la falta de oficio político, la falta incluso de educación y civilidad de la mayoría de los morenistas, a quienes espero que su dirigencia nacional o el propio presidente López Obrador les corte por lo menos media oreja, que es lo que se merecen, por tanta barrabasada que han cometido.

¿Tanto reñirle al PRI para terminar en su regazo? Morena es ahora un bebé al que el PRI le ha empezado a dar de comer… pura dinamita. Por eso me alegro que el PRI, dicho esto con una circunspecta ironía, haya tomado las riendas del Congreso, pues este instituto político tiene gente curtida, sabe cómo se deben llevar las cosas y cómo hacerlas, y eso es lo que está necesitando urgentemente la ciudadanía: un Congreso que deje ya de andarse peleando por los propios intereses de unos cuantos congresistas embusteros y se ponga a trabajar en favor de la sociedad colimense que representa.

La sociedad no quiere que se bajen el sueldo ni mucho menos que los engañen con ese cuento de que se bajan el sueldo pero no así el resto de las percepciones, no, la sociedad está esperando que se pongan a trabajar en iniciativas y leyes y normativas que impacten en su beneficio, lo otro de andar dando la sobras del sueldo a talabarteros o a hojalateros o a zopiloteros  o a quien sea lo pueden hacer instituciones de asistencia privada o los propios programas de bienestar social que impulsan los gobiernos de los tres órdenes.

Pero no un legislador que se jacte, quien debe estar concentrado en crear las leyes que propiciarán mayor orden y armonía ciudadana. Adiós, pues, a Morena en el Congreso y bienvenido el PRI, quien ahora, por cierto, tiene por fin a un nuevo dirigente estatal en la figura de Kike Rojas, político joven pero no por ello menos experimentado que seguramente hará remontar al PRI en las elecciones de 2021 gracias a que tendrá como aliadas no solo a las bases rojiblancas sino también a Morena, quien para entonces ya habrá terminado de defraudar a todos.

 Y mientras Morena se desmorona y el PRI se fortalece (riéndose seguramente con una risa de hiena de los pobres morenistas), los colimenses debemos de sentirnos orgullosos de que en el top 10 de los aspirantes a dirigir la Fiscalía General de la República esté el abogado colimense Marcos Santana.

Marcos Santana llegó ahí luego de un riguroso escrutinio de más de 50 aspirantes, quedando ahora en la lista de diez, lo que es honroso y plausible, pese a quien le pesare. Aunque Bernardo Batiz y Gertz Manero son los favoritos (por su cercanía con López Obrador), esto no le quita mérito al abogado Marco Santana, al contrario. Suerte al abogado colimense quien, y esto lo entenderán sólo los entendidos, aunque pierda, ya ganó. 

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Paracaídas de Rogelio Guedea – Ley de Convivencia Civil, ya en vigor

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Para quien no lo sepa, la Ley que Regula la Convivencia Civil del Estado de Colima y sus Municipios ha entrado en vigor este inicio de año, una ley que, ahora puedo decirlo, tuvo su origen en una extensa conversación que tuvimos el entonces diputado Nicolás Contreras y yo, en la cual yo enfaticé la importancia de contar con una ley que pudiera realmente normar la conducta ciudadana, pues la que existía (y que se aplicaba desde las Procuradurías Vecinales) eran inoperantes, como inoperante era también (para casos específicos como el ruido vecinal) la función de las direcciones de Ecología, que sólo atendían fuentes fijas (esto es música proveniente, por ejemplo, de bocinas o similares), pero no así otras fuentes (como los gritos de las personas, que en ocasiones son incluso peores que el ruido de la música).

Le expliqué al diputado Contreras, quien en todo momento fue muy sensible e incluso admitió que él también había tenido problemas de esa naturaleza, que una ley que normara estas conductas reduciría exponencialmente la violencia vecinal, que en ocasiones ha tenido consecuencias fatales, más de alguno ha asesinado o ha sido asesinado por conflictos vecinales (ruidos, árboles basurientos, obstrucción de cocheras, etcétera), y todo ello porque no existe autoridad que pueda resolver el problema, por lo que el vecino opta por tomar la justicia por su propia mano.

Reducir la violencia vecinal era, por tanto, no sólo reducir la violencia en general, sino además crear una mayor armonía en la comunidad y una recurrencia en el número de llamadas al 911 por estos motivos, llamadas que, por cierto, muchas veces ni se atendían.

Para terminar mi exposición, le expliqué la pesadilla que yo mismo estaba viviendo con unos vecinos (y que sigo viviendo en algunos momentos) y la que vivían otros vecinos del barrio, y al final se convenció de que era importante reducir el estrés ciudadano por este motivo, toda vez que, es verdad, la sociedad tiene que vivir una doble violencia cotidiana: la producida por los grupos delictivos y la vecinal.

Debo decir que después de esta conversación yo me hice a la idea de que todo quedaría en palabras. Sin embargo, esto no fue así. Al poco tiempo tuve noticias de que el diputado Nicolás Contreras se había tomado muy en serio el compromiso y había presentado la iniciativa, que al final fue aprobada y ahora ha entrado en vigor.

 Pero ¿qué regula esta nueva ley? Pues regula todos los aspectos que como ciudadano te causan un perjuicio en tu convivencia cotidiana vecinal: por ejemplo, los mismos ruidos, que ahora son castigados aunque provengan de cualquier fuente, así sea de un martillo o un perro.

Los daños que causen a tu propiedad los animales que dejen sus heces en tu jardín o en cualquier parte (yo me encuentro cientos de heces en las banquetas cuando hago mis ejercicios matutinos, muchas dejadas ahí a propósito), también son penalizados.

Pero también la obstrucción de tu cochera. Una riña vecinal, siempre que no haya lesiones que constituyan un delito. Ahora, para atender todos estos casos habrá un Juez Cívico en cada municipio, el cual podrá establecer sanciones en apego a esta ley,  sanciones que van desde multas (algunas severas) a un arresto, y, según la ley, para iniciar el proceso basta que se haga a través de la policía a la que se le pida auxilio para atender el caso o directamente presentando la denuncia ante el jue cívico.

Quizá ahora nadie se haya dado mucha cuenta de la trascendencia de esta Ley, pero es crucial para armonizar a una sociedad que esperemos no se acostumbre a estos niveles de violencia que vive todos los días.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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