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Paracaídas de Rogelio Guedea – Coalición Juntos Haremos Historia, divídela y vencerás

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Si bien es importante que la comentocracia colimense no deje de ponderar la estrepitosa caída que sufrió el PRI en las pasadas elecciones, incluida la del propio PAN, mal haríamos en perder de vista a la coalición política que tendrá mayoritariamente las riendas de nuestra entidad en los próximos tres años, especialmente desde el Congreso local. Me refiero a la coalición “Juntos Haremos Historia”, que tiene en López Obrador a su figura tutelar y que, en lo local, no presagia ser el sanalotodo que los electores están esperando.

Pondré un solo ejemplo que debería encender los focos rojos no sólo al interior de esta coalición sino incluso al exterior ciudadano. Miren: de entre todos los actores políticos que formarán parte de la nueva nomenclatura estatal por parte de la coalición “Juntos Haremos Historia” el que más debe preocuparle a esta coalición es, sin duda, el joven Vladimir Parra. Alguien podría pensar que más peligrosa para nuestra democracia local es la propia Indira Vizcaíno, pero ésta lo fuera si no estuviera plenamente identificada como una política dispuesta a lo que sea por cristalizar sus ambiciones (siempre personales) de poder.

El caso de Vladimir Parra, sin embargo, es preocupante precisamente porque esconde debajo de ese antifaz de joven de izquierda, luchador social e incluso intelectual (se regodea mostrando en sus redes sociales lecturas de altisonancia ideológica izquierdista y poesía revolucionaria) a un pequeño tirano, el clásico caudillo demagogo fascinado por el culto desmedido a la personalidad y capaz de traicionarse a sí mismo con tal de conseguir sus propios objetivos. Hoy quiere, precisamente, ser a toda costa coordinador del Congreso estatal, mañana querrá gobernar el planeta.

Pero lo cierto, y hay que decirlo con todas las letras, es que el joven Parra es un usurpador y un falsario. Un usurpador, porque ha hecho creer que ha llegado al Congreso del Estado por Morena cuando en realidad lo ha hecho por el Partido Encuentro Social (PES), hoy desaparecido como tal. Y un falsario, porque sus intenciones no son colectivas sino personales, como las de cualquier autócrata. Es, junto con Indira Vizcaíno, el peor enemigo que tiene la coalición “Juntos Haremos Historia”, su caballo de Troya, y la peor amenaza para el ejercicio del poder legislativo, que representa la voz de todos los ciudadanos, los cuales desean verse personificados por filántropos y no por ególatras.
Es tanta la obnubilación política de Vladimir Parra que ha llegado a embelesarse con la idea de su parecido físico con Andrés Manuel López Obrador, cuando éste tenía su misma o similar edad. En su excesivo afán protagónico, Parra terminará por ser más destructivo para la coalición y el Congreso que constructivo para la sociedad, si no se le pone en su lugar a tiempo.
El Morena congresista no debería permitir entre sus filas a un falso púgil social que venera a dictadores como Hugo Chávez, Rafael Correa o Daniel Ortega. Parra emula la Revolución Cubana (su mayor referente son las canciones de Silvio Rodríguez), pero en el fondo su fascinación es hacia el dictador Fidel Castro, su alter ego. Ojo y aguas: No olvidemos que de la izquierda han salido los peores déspotas de nuestra historia reciente.

Pero tampoco Morena necesita a un coordinador de congreso que quiere todos los reflectores para él y no para la ciudadanía (que es la que de verdad importa), ni mucho menos un personaje que se ha impuesto como un simple factor de divisionismo y no de unión. Si la coalición “Juntos Haremos Historia” se duerme en sus laureles, su sorpresivo triunfo no será más que un ensueño que durará lo que dura una burbuja de jabón en el aire. O para decirlo más programáticamente: durará hasta las próximas elecciones.

El propio líder estatal de Morena, Sergio Jiménez Bojado, lo reconoció ayer: si no hacen bien su trabajo alcaldes y congresistas la sociedad los rechazará en las urnas, como hicieron con el PRI y el PAN. El reto, sabemos, es grande y no pocos (de verdad que no pocos) estarán muy contentos de que Morena se vaya de bruces. El problema es que la caída también arrastrará, como sabemos, otra vez, el bienestar de la sociedad colimense, ya bastante apaleada por los malos gobiernos.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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Paracaídas de Rogelio Guedea-¿Y qué debe hacer el PRI?

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Les voy a decir qué debe hacer el PRI luego de la estrepitosa (y bien merecida) derrota que sufrió en las pasadas elecciones, donde el otrora partido hegemónico (que había regresado luego del doble fracaso panista presidencial) se convirtió en un puñado de cenizas, perdiendo prácticamente el control del país y, en lo local, el control del Estado. En nuestra entidad, ya lo vimos, el PRI fue subyugado: quedó con dos pequeñas alcaldías (que no sirven ni para trinchera de la más mínima revuelta social) y continúa con el poder estatal, ahora tambaleante.

El Congreso quedó en manos prácticamente de la coalición “Juntos Haremos Historia”, llena por dentro de minas, y el resto de los municipios fueron repartidos entre la mencionada coalición lopezobradorista, el PAN (con dos municipios: Comala y Cuauhtémoc) y Movimiento Ciudadano (también con dos: Villa de Álvarez y Colima). El PRI lo que tiene frente a sí, dicho sea esto literalmente, es un llano en llamas.

La pregunta que en este momento deben ya estarse haciendo los priistas ante este aciago escenario es: ¿qué vamos a hacer? Es muy sencillo: lo primero que deben hacer los priistas, bajo la guía del gobernador, quien históricamente ha representado al militante de mayor jerarquía en un partido (en este caso al PRI, quien siempre ha gobernado), es no tener concesiones consigo mismos. ¿Qué significa esto? Dejarse de justificaciones, dejarse de autocomplacencias (que si la ola López Obrador, que si la ola de Cuyutlán, etcétera) y actuar en consecuencia y de acuerdo a la realidad que viven. Si actúan metodológica y sistemáticamente, tres frentes requieren inmediata atención: el primero es el del gobierno estatal (el gobernador y su gabinete), el segundo es el del PRI estatal y sus filiales municipales, y el tercero es el de los ediles priistas que gobernarán en breve en Minatitlán y Coquimatlán.

Con respecto al gobierno estatal, lo que debe saber el gobernador es que, más que incapaz, lo que tiene es un gabinete (en su mayoría) carente de todo entusiasmo, sin energía, con ganas de que la lancha navegue en el río pero sin remar, y si se rema se rema nada más para llevar agua cada cual a su molino. El gobernador necesita, por tanto, renovar su gabinete, empezando por el secretario general del Estado, quien pese a la experiencia política que tiene es contraproducente para su gobernanza. Si la seguridad es tema prioritario, entonces se requiere un fiscal capaz y no un fiscal carnal, se requiere un plan de seguridad acorde a la negra realidad colimense. Si la salud es también prioritaria, entonces se requiere un secretario sensible y conocedor de las necesidades más apremiantes de nuestra entidad. Si la educación es otro eje toral, entonces apoyar más al secretario actual del ramo, que lo está haciendo bien pero está maniatado por la terrible realidad financiera que vive la institución. Etcétera. Etcétera.

Con respecto al PRI estatal y sus filiales, más sencillo aún: se requiere remover ya a Rogelio Rueda, quien se ha convertido en un lastre para su partido (sobre todo porque su figura representa todo aquello por lo cual el PRI está en la situación que está) y elegir a un dirigente sin tacha, o con los menos negativos posibles: joven, con visión, capaz y con sensibilidad y empatía ciudadana. Entre más se retrase este cambio, peor será para los rojiblancos (tanto su élite como su base).

Y con respecto a los municipios que gobernará el PRI, no hay otra salida: tienen que hacer un buen trabajo, dejarse de truhanerías, enfocarse en las prácticas de bienestar social y administrar muy bien los recursos del pueblo, nada de empezar a pensar en las sobadas prácticas de cooptación del voto para retener el poder en tres años, etcétera, que ya vimos que no funcionan. No: hacer un buen trabajo, esa es la única forma que les permitirá perpetuarse.

Que salgan, pues, los priistas de la obnubilación y que entiendan que renovarse (pero renovarse de verdad, sin oratorias) es la única forma que les permitirá levantar un dedo en las elecciones de 2021, en donde –como van las cosas- tal parece que la ansiada alternancia gubernamental en Colima va, por fin, a cristalizar.

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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“Paracaídas” de Rogelio Guedea-No a un fiscal carnal

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La violencia en Colima sigue imparable y no parece que haya estrategia visible que sirva para detenerla. De dos a tres son los crímenes violentos que se comenten en nuestra entidad diariamente, y si alguien no parece notarlos es porque la violencia ha entrado en un estado de normalización entre la ciudadanía. Convivimos ya con la inseguridad extrema como convivimos con los vecinos, los compañeros de trabajo o nuestros propios familiares. Gobierno federal, estatales y municipales han fallado en el combate de este flagelo que tiene a nuestro país (y a nuestro Estado) con los pies de cabeza y, hay que decirlo, en lo que a nuestra localidad concierne al gobernador y a los alcaldes no parece importarles mucho la problemática, cada cual ha encontrado formas de justificar su iresponsabilidad.

Si bien todavía no entran en funciones los nuevos munícipes ni congresistas (en su mayoría de adscripción morenista), la época electoral ya pasó y es tiempo que el gobernador Nacho Peralta y los alcaldes todavía en funciones no se olviden de que la violencia sigue incólume y cada vez se recrudece más, de ahí que sea importante activar las medidas de seguridad necesarias (preventivas y persecutorias) para contrarrestar esta epidemia.

Entre esas medidas estará el nombramiento del Fiscal General del Estado, nueva figura que a su vez contará con dos fiscalías especializadas: la de combate a la Corrupción (de suma importancia) y la de Delitos por Razones de Género y Trata de Personas (no menos importante).

Hace unos días, las cámaras empresariales y algunos otros sectores sociales, al ver que se habían dado recientemente nombramientos inadecuados (al menos en la forma) para elegir a un magistrado del Supremo Tribunal de Justicia y al comisionado del Infocol, se manifestaron en favor de que el Ejecutivo estatal no se inclinara por algo similar en el nombramiento del Fiscal General, esto es, que se diera un nombramiento tomando en cuenta la capacidad y profesionalismo del Fiscal y no sólo su cercanía o amistad con el mandatario.

Si bien todavía no es posible hacer este nombramiento en virtud de que aún no se ha hecho la declaración de la autonomía de la fiscalía, es conveniente adelantarse a los acontecimientos para advertir que aunque es una facultad del Ejecutivo enviar la propuesta al Congreso, éste (el Ejecutivo) tendrá que buscar que el nombramiento recaiga en alguien que realmente pueda dar los resultados que la ciudadanía está esperando en cuanto a su paz y armonía social. Y lo mismo debe aplicar para el Congreso (sea ésta o la siguiente legislatura): que no se vaya a buscar un Fiscal que tampoco vaya a servir a los intereses de la legistatura (Morenista, si a esta mayoría le corresponde el nombramiento), sino a los intereses de la sociedad.

No se debe, pues, en cualquier caso politizar un asunto estrictamente de carácter social y legal. No se trata de ver a quién (el Congreso o el gobernador) va a servir el Fiscal, sino de qué forma va a resolver el problema de la inseguridad en nuestro Estado, y para eso es importante que más allá de filias y fobias partidistas se elija al mejor preparado, al más autónomo y al que mejor propuesta presente para devolverle a Colima la paz que tanto necesita.

Y no hay que preocuparse tanto si el Fiscal será nombrado por un periodo de seis años con posibilidades de reelegirse, pues la misma ley contempla también su remoción en el momento en que no cumpla con las expectativas ciudadanas, que, al final del día, (y esa fue la gran enseñanza que nos dejaron los resultados de las pasadas elecciones), son las únicas que importan. 

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Rogelio Guedea. Escritor y académico. Sus más recientes libros: “El arte de gobernar. Manual del buen gobierno”, “El diario de Bruno” y “Poetas mexicanos del 30: una generación entre el cielo y la tierra”. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Te invitamos a conocer el sitio web de Rogelio Guedea:

http://rogelioguedea.com/

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